lunes, 15 de enero de 2018

CRÓNICAS DEL FRÍO


Y sigue el temporal, este fin de semana la nieve nos ha dejado amarrados en la ciudad, no por no poder llegar al pueblo, si no por una vez allí poder acceder a las casas. Aún hay espesores de nieve acumulados a las puertas de casas y corrales, que encima se habrán helado, porque las temperaturas están por los suelos.

De esto último de las temperaturas me hago una idea, si miro el enlace de la estación meteorológica y la cámara web instalada el año pasado en La Hergui, pues total la diferencia a 11 Km del pueblo, no es mucha en cuestiones de temperatura.

Si queréis echar un vistazo, este es el enlace a copiar en el navegador:

http://laherguijuela.ddns.net/weewx/index.html

Aparte, nos han llegado más fotos que ilustran estas crónicas del frío, y nos abren una ventana por la que nos asomamos a nuestros rincones. (fotos de Mari, César, Torete, Jaime, Maxi).




CRONICAS DEL FRÍO
En La Vega no caen nevadas
lo que caen son nevazos,
de esos en que las gallinas
alcanzan a picar en el cielo.

Caballos y vacas
en los paisajes del frío,
parecen borrosas figuras
de un dibujo a carboncillo.

Las calles abiertas
tienen en sus costados neveros,
a modo de heridas
cicatrices de hielo.

Una sábana blanca
cubre el campo aterido,
el germen de la primavera
anda bajo ella dormido.  

Cruces y tumbas
allá en el cementerio,
en su soledad sonora
hacen coros con el silencio.

(Madrid - 15 de enero de 2018)













martes, 9 de enero de 2018

LA FÁBULA DE TÍO JONÁS


El próximo 20 de enero se cumplen veintidós años de la última gran nevada caída en la comarca de nuestros pueblines.

Este año, el invierno por fin ha hecho acto de presencia, y lo ha hecho a lo grande, pues ha caído el fin de semana de reyes, un nevazo considerable, con unos espesores de nieve, que están dificultando mucho el desplazamiento y la movilidad, no sólo por carretera, que se cerraron al tráfico, si no incluso por las calles, y no digamos a las tierras donde está el ganado.

Los paisajes con tanta nieve, aparecen uniformes, y a veces cuesta identificar los lugares, orientarse.


C/ La Iglesia (Curva en dirección a la plaza)
 (suelo y tejado casi se juntan)

Calle Toledo con calle Hortaleza

La Plaza- Fachada del bar de Tío Alberto
Calle la Reina (entre casa de Elisa y de tía Agripina)

Todo esto me ha recordado la fábula que me contaron de un señor conocido como tío Jonás. 

Tío Jonás al parecer era un arriero que iba por los pueblos con su burrilla y sus mercancías.

Un día viniendo a la Vega, por Cañalhorno, le sorprendió la ventisca de nieve, por aquel entonces no había Aemet (sólo el color panza-burra del cielo podría hacer intuir el temporal), ni funcionaba la DGT (si es que no había carretera), ni siquiera había teléfono cuanto más móviles. 

Pero Tío Jonás pese los inconvenientes decidió avanzar y avanzar, aunque fuera un poco sin saber por donde iba, porque la ventisca cada vez era más fuerte, y los caminos se borraban, y el horizonte sólo era una enorme planicie uniforme y blanca donde ni tan siquiera el limite cielo-tierra se podía deslindar.

Y siguió y siguió, hasta que en un momento dado, y viendo que llegaba la noche decidió pararse, así que aprovechando que había una especie de barra clavada en el suelo, ató allí a la burrilla, y se arropó como pudo, dispuesto a pasar la noche.

La sorpresa fue al amanecer del día siguiente, cuando despejado el día pudo averiguar donde habían pasado la noche y donde había atado a la burra...

Venía Tío Jonás
una tarde de invierno,
tirando de “la” su burra
caminito del pueblo,

en medio Cañalhorno
le pillo tal nevada,
que iba cuán ciego
sin saber por donde andaba,

si iba por la Sabina
o por cañá la fraila,
si había echado para la Noria
o estaba llegando a Garganta,

en medio de la ventisca
encontró un poste de metal,
ató allí a la borrica
hasta pasar el temporal,

y cuando amaneció
comprobó asombrado,
que había estado dormido
en lo alto de un tejado,

y que había atado la burrilla
¡ni que estuviera majareta!,
en lo más alto de la iglesia

¡si señor!, ¡en la veleta!...

¡Anda yaaa!, dije cuando me relataron la fábula, porque hasta lo del final todo es bastante creíble, a mi me han contado que en ocasiones cuando nevaba a lo bestia, había que hacer túneles bajo la nieve entre calles, o puertas para poder salir de las casas.

Con la nieve pocas bromas.

Pongo otras fotos, todas del día 7 de enero de 2018, hechas por los que allí están en el pueblo, no se si sorprendidos, asustados o encantados. (Choncho, Jero, César, Rosa, Encarna e Hijos, Juanjo...), y que nos han pasado el documento gráfico del estado de la situación).

Desde la puerta del bar de Rosa

Plaza del pueblo y terraza Bar La Vega

Casa de tía Alejandra y Tío Julián
Chorreta y portás de Tío Emiliano

Casa y corral de Elisa y Mariano

Calle del Arroyo
Tejados (Panorámica)

Plazoleta bar de Rosa

Fuente Espìnosa y corraleras

Carretera a Barajas en La Cañadilla

A caballo
Y unas fotos de La Herguijuela, que a once kilómetros de nosotros las cosas pintan más o menos igual de blanco. (Enhorabuena al/la autor/a, y gracias por compartirlas).   


Plaza fuente y árbol





jueves, 30 de noviembre de 2017

HACER EL FEO


HACER EL FEO

Todo el mundo sabe lo que es hacer un feo a alguien, sin embargo esta entrada pese a su titulo de frase hecha, no tiene nada que ver con el significado que normalmente se atribuye a dicha expresión.

Antaño, y a fin de entretener a los niños, en las tardes-noches de oscuridad y mal tiempo, se les hacía el feo.

Para hacer el feo, en un recipiente por ejemplo una sartén echaban un poco de sal gorda, y la ponían a calentar al fuego, a continuación añadían una cucharada o dos de aguardiente, cerraban puertas y ventanas de la estancia, apagaban candiles (bombillas si las hubiera), y prendían la mezcla con una cerilla, vela o mechero chisquero, y en la total oscuridad sólo alumbrada por la llama titubeante de la mistura ardiendo, resultaba que al mirarse unos a otros a través de la llama o vapores, se veían todos con la cara de color verde, y desde luego feos, más aún si se ponían a hacer muecas, lo que divertía y asombraba a los chiquillos a la vez.

El efecto es una cosa parecida a esta:

Shrek -Imagen sacada de la red
Propongo que realice cada uno este experimento, y suba un selfie con la cara verde, es seguro que todo el mundo diría entonces, que efectivamente, la belleza está en el interior.

martes, 14 de noviembre de 2017

PANADERO NUESTRO QUE ESTÁS EN LOS...(LA VEGA)


La panadería es una institución en nuestro pueblo, yo conozco su existencia desde siempre, (lo de "masar" cocer el pan en los hornos que en muchas casas había, no lo he llegado a conocer).

La panadería como tal estaba justo en la casa de enfrente de donde está la actual, y de forma borrosa recuerdo a tío Castor montado en la burra y los panes en las alforjas yendo a vender el pan a otros pueblos, y haciendo parada en las casas del pueblo que le pillaban de paso.


La Vega - Calle Princesa - Diciembre 2011

Y recuerdo el horno de leña y los panes apilados en las alacenas a la espera se ser vendidos, y lo acogedor del despacho por el calorcito, y el inconfundible y delicioso aroma a pan recién horneado.

El panadero actual, es el hijo de los anteriores panaderos (Tío Cástor y Tía Regina), que decidió continuar con la saga familiar, hecho que me parece encomiable, por apostar por la continuidad de un negocio y actividad en pueblos como el nuestro en los tiempos que corren. (Sólo por eso hay que perdonarle que sea colchonero...)



Con cariño:

PANADERO NUESTRO QUE ESTAS EN LOS...(LA VEGA)
Morenazo chinchorrero y jovial,
pitando, derrochando sal y pico
lo mismo vende un pan grande que chico,
que empanadas de atún y tal y tal.

Forofo del atleti hasta el final,
es sufridor de color rojiblanco,
pero viste enharinado de blanco
como ese equipo de la capital.

Metido está desde pronto en harina,
que la sábana nunca se le pega
ni cierra nunca la panadería.

Digno heredero de Tía Regina,
tenemos un panadero en La Vega,
que nos da el pan nuestro, de cada día.

jueves, 5 de octubre de 2017

PERDÓN POR LA TRISTEZA



Esta entrada va dedicada a mi padre, mojino de nacimiento, y Vegato de adopción y devoción, que nos ha dejado el pasado uno de octubre, y que morará para siempre bajo ese trocito de cielo de las Tejeruelas.

Desde estas líneas quiero agradecer, todas las muestras de cariño y solidaridad, el consuelo, y el apoyo que todas las personas del pueblo, y muchas de la Herguijuela y Madrid, nos han brindado a mis hermanos, a mí, y sobre todo a mi madre, Sabemos que todas ellas han sido sinceras y de corazón, y no lo olvidaremos nunca. Han sido y son, lo único positivo de esta situación.








martes, 12 de septiembre de 2017

ESCENAS CERCANAS DEL VERANO: EL GORRIÓN PATIZAMBO


Esta entrada va dedicada a mi suegra Elisa, por los universos que me descubrió.



Gorriones en el corral de Elisa - Verano 2013

A menudo, en los veranos y las largas temporadas de reposo, en que nos apoltronamos en una tumbona, se nos va el tiempo contemplando lo más inmediato y cercano, como si el campo visual se redujera a la mínima expresión.

Y sucede que en esa breve panorámica de las cosas descubres todo un universo, que tiene también su propio devenir, su rutina, su circulación, su norma y ley, su geografía, su flora y su fauna.

Así, en el corral de Elisa, algunos veranos, nos hemos entretenido con las bandadas de gorriones, que tal vez por efecto llamada, acudían a picotear el arroz que generosamente se les esparcía en la piedra del molino, o de la alcantarilla.

Y cronometrábamos el tiempo que tardaba en llegar el primer gorrión (a modo de pionero) desde que echábamos el arroz, hasta que llegaba el resto (por docenas les contábamos), y veíamos a las madres dar de comer a los pequeñines (piones les bautizamos), que corrían tras la madre aleteando desaforados, y les veíamos beber el agua en el hueco de la piedra de molino, y que nunca, se acababan de un trago.

Y eran escurridizos, asustadizos, lejanos esquivos, y también entre ellos algo "tufiñas" y tramposos ladronzuelos, pues no dudaban en arrebatarse el pan o el grano del pico unos a otros, pese haber comida de sobra para todos.

De todos los que poblaron ese verano, hubo uno que tenía un problema en una patita, que parecía más larga, y que llevaba como arrastrando, y al que bautizamos como "el gorrión patizambo". Este gorrión iba un poco por libre, no se espantaba con tanta facilidad, y a menudo se quedaba solo picoteando en la comida, e incluso se atrevía a entrar hacia el portalillo de la casa y meterse bajo las tumbonas, sin duda se convirtió en nuestro favorito.

EL GORRIONCITO VALIENTE
De todos los gorriones
que han poblado este verano,
el más audaz y valiente
ha sido el patizambo. 

Saltando a la patita coja
no dejó, de arroz un grano,
y perdida la vergüenza
casi picotea en nuestras manos.

Libre y en solitario
independiente de la bandada,
llegó más lejos que otros
que no tenían la pata zamba.

Me ha enamorado ese gorrión,
gordito y cojitranco,
sin otra vocación
que tomarse la vida de un trago.  

Otros gorriones han pasado, pero ninguno como él.

Este verano no ha habido casi gorriones, (tal vez no soportaran la ausencia de Elisa).

Cada año es menor su número, no sólo en el corral, en el pueblo en general como si estuvieran desapareciendo, ¿alguien sabe el por qué?. 

lunes, 4 de septiembre de 2017

EL TIEMPO EN CONSERVA (Cuando las arañas hacen las maletas)


Por la raíz, y por el impacto de realidad recibido, quiero dedicar esta entrada a mi hermano Tito, y a mi prima Isabel.


“Llega un momento en la vida cuando el tiempo nos alcanza....” (Luis Cernuda)

Cuando entro en esta casa, veo el tiempo detenido...



Todo tal cual.., la luz mortecina de la bombilla de a cincuenta, compitiendo con la que entra por la teja transparente de aquí en el medio casa, pequeña claraboya que delata la presencia del día y el polvillo en suspensión al trasluz. 


Las lecheras de aluminio siguen colgadas del clavo a la puerta de la sala, y las banquetas alineadas unas sobre otras frente a la puerta de la cocina, milimétrica y exactamente igual que siempre.

 


Noto ese olor especial que ni siquiera el tiempo de cerrazón ha logrado erradicar, esa temperatura ni cálida ni glacial, si acaso un algo desangelada, temperatura de la soledad.

Los peldaños de la escalera y suelos de las alcobas crujen a mi paso, voz de maderas viejas pero firmes, pese al claveteado rudimentario de un carpintero sin vocación, y ese arrastrar de puertas que siempre estuvieron algo descolgadas, y seguirán estándolo.


Sigue la cortinilla que deja al más allá el “doblao”, entonces lugar de mis terrores infantiles, hoy oscuro reducto para pucheros, fuentes de barro, aperos, sogas, coyundas, la cuna de mis primeros sueños, y las tablas que guardaba mi abuelo para que le hicieran el ataúd, (la caja decía él), cuando muriera...


Suspendidas andan, las mismas telarañas, tejidas por arañas acaso tata-tata-tataranietas, de aquellas que se instalaron en esas mismas esquinas desde hace más de cien años.


Todo igual, todo detenido en el tiempo.

Entonces cojo el espejito, ese que tiene las esquinas rotas, y está en el cajón de los peines, modestísimo tocador de antaño bajo la escalera, y me miro..., y el tiempo empieza de nuevo a correr, y veo todos los años acumulados, todas las presencias, todas las ausencias, las telarañas rejuvenecidas..., y sonrío pensando en la suerte que tiene la casa de no tener ojos ni espejo donde mirar su paso del tiempo, la suerte que tengo yo en tener un lugar así, donde engaño al tiempo y me quedo parada en él, aunque sólo sea de modo ficticio y breve, la inmensa suerte que tengo sin embargo y en definitiva, de no estar yo, detenida...

Y cierro tras de mi la puerta, y me voy con la convicción, algo triste, de que ahí queda la casa parada, sí, pero sólo para mi y los que alguna vez vivieron en ella, porque los demás, el resto, la verán como a cualquier otra, sin darle mayor importancia al contenido, (vacía de  sentimiento), sin ojos de pasado, y me da la impresión (triste de nuevo), que entonces la casa, bajo esas miradas, estará más deshabitada que nunca, y por algún lado de sus rincones, empezará a oírse lo que nunca se había oído hasta ahora, el murmullo de la carcoma del olvido, y entonces la casa se verá en el espejo, y correrá para ella el tiempo, y se verá a las arañas haciendo las maletas....

(Todas las fotos excepto la primera, han sido tomadas en agosto de 2.017)