El tiempo vuela, y el tiempo del verano es el que sin duda lo hace más deprisa.
El temblor del cable delata el aleteo de las aves, que en pequeñas bandadas se aprietan y columpian, esperando a las demás para alzar el vuelo hacia otro contornos, sin mirar atrás.
Y así como las aves, el verano se ha ido volando, con el tiempo columpiándose, apretándose los días al final.
Y al igual que los pájaros, otro verano llegará en junio y será tan único como este.
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