lunes, 8 de diciembre de 2014

RECETARIO POÉTICO - LA SOPA EN VINO

A partir del once de noviembre comenzaba por el pueblo el tiempo de la matanza del gorrino, que con razón dice el refrán "a todo cerdo le llega su San Martín".
 
 
Entre las múltiples tareas que había que realizar, estaba la de deshacer el vientre, e ir al río a lavar las tripas.
 
 
Esta tarea la solían realizar las mujeres, es de imaginar el frío que pasarían allí a la orilla del río, de rodillas en la "tajuela", dando la vuelta a las tripas, vaciándolas de su contenido, aguantando el mal olor, y eso, el frío, que les dejaría las uñas doloridas y sabañones, a que no decirlo.
 
Por eso cuando volvían a casa con el cesto de las tripas, solían tomar algo que les volviera el calor al cuerpo, y tenían preparada la llamada "Sopa en vino".
 
La receta de la sopa en vino es bien sencilla:
 
Se cortan rebanadas de pan y se fríen, también se pelan y cortan manzanas (en la Vega es del tipo reineta sobre todo), y también se fríen.
 
En un recipiente, se van colocando de modo alterno capa de pan frito, capa de manzana frita, espolvoreadas de azúcar.
 
 
 Por otro lado, en una cazuela se pone la misma cantidad de agua que de vino tinto, con una cucharada de manteca, y azúcar al gusto, y se deja cocer un ratito para que se evapore una importante cantidad de alcohol.
 

Una vez cocido el jarabe, se vierte sobre el recipiente donde estaba el pan y la manzana frita, dejamos que se embeba bien la mezcla, y dejamos un poquito de vino cocido en reserva, que calentaremos en el momento de servir, por si se hubiera enfriado lo anterior, pues la manera para que se atemperara el cuerpo y "entrara en son" del frío, era tomarlas calientes. 
 

Son súper energéticas, no aptas para diabéticos (por lo menos en demasía), es probarlas, y notar como se te suben los colores a la cara, ya dice el dicho:"vinum letifican cor hominis".
 
RECETARIO POETICO: SOPA EN VINO
La sopa en vino es una fiesta,
la fiesta del pan y la manzana,
que en tremenda borrachera
y dulce bacanal, se encaman.
Y abrasados por el mismo fuego,
ebrios de vino dulce y manteca,
se funden cuerpo a cuerpo
empapados por la marea.
Y de sabor explosionan,
en el cielo del paladar,
beso de fruta y cereal
con sabiduría de lagar.
 
Y aunque las matanzas ya se han reducido a la mínima expresión, y ya no se pasan los frío de entonces, no está mal recordar estos sabores y recetas, y ponerlas en práctica, porque son sencillas, y de siempre.
 
Así que "Sangraos, Marina, que sopa en vino es medicina", pero ateneos a las consecuencias, porque también se dice. "sopa en vino no emborracha, pero agacha a la muchacha"

viernes, 31 de octubre de 2014

LA TABLA DE LA CERA

Mañana es el día de todos los santos, como de costumbre en el pueblo (como en muchos otros lugares), se acudirá al cementerio a honrar a los difuntos.
 
Antes además era costumbre que los domingos, las mujeres acudieran a misa con la llamada "Tabla de la cera", a pedir y orar por los difuntos.
 
Era una tabla en la que se enrollaba una especie de vela, la cual se encendía. La tabla había que voltearla a medida que se consumía la cera de la vela.
 
Algunas mujeres llevaban en vez de la tabla de la cera, otras luces como faroles o el "velón".
 
Cada mujer tenía su piedra en la iglesia (por entonces no había bancos, ni luz eléctrica), y sobre esa piedra colocaban una tela y encima la tabla de la cera, y allí rezaban por sus difuntos.
 
Dicen que la piedra era un lugar fijo y que pasaba por línea paterna a la familia, mi madre recuerda que la piedra donde rezaba mi abuela estaba próxima al altar del Sagrado Corazón.
 
El cura rezaba un responso general, e incluso cantaba, y sobre todo lo hacía con más ahínco, al lado de los familiares de los difuntos, que más "voluntad" (dádivas daban...) (poderoso caballero es Don Dinero...¡ya se sabe!).
 
LA TABLA DE LA CERA
Todos los domingos del año,
las mujeres sin faltar uno ni víspera,
a misa llevaban un paño
y la tabla de la cera.
 
Y arrodilladas en su piedra
rezaban con voz comedida,
mientras desenrollaban
a vueltas, la vela encendida.
 
Oraban por sus difuntos
y el cura cuando pasaba,
según como fuera “el unto”
tantas aleluyas cantaba...
 
 
 

martes, 28 de octubre de 2014

LA "TOÑÁ" (que retoña)

Hay un refrán que dice: "La "toñá" verdadera, por San Bartolo las lluvias primeras", bueno... este año contra todo pronóstico y tendencia no recuerdo que lloviera por San Bartolomé (el 24 de agosto), y lo que es ahora, llevamos un otoño atípico, de temperatura y ambiente, que parece asemeja más bien barrunto de verano que de invierno, más primavera que otoño.
 
En La Vega, está creciendo la hierba, están saliendo moras, aún brotan los rosales y flores, y durante el día hemos podido estar en mangas de camisa, incluso algunos en mangas de camisa corta..., dicen los que viven por allí que no se recuerda otra "toñá" así desde hace por lo menos ocho o diez años.
 
Lo único que delata la presencia del otoño, es la estampa de los árboles, que (quien sabe si por el calor), se están despojando de las hojas, tiñendo de amarillo caminos y horizontes.
 
La Vega - 25 de octubre de 2.014
 Al sol, los chopos parecen radiografías de sí mismos, empezando a transparentarse, adivinándose el esqueleto.
 
La Vega 25 de octubre de 2.014

  
Y también si te fijas y les miras un poco de lejos, según como la luz del sol incida sobre ellos, parecen hogueras salpicadas por el terreno.
 
La Vega 26 de octubre 2.014

La Vega 25 de octubre de 2.014
Está siendo apacible y consentidor este otoño, suave y dulce, como un envejecimiento benigno, como una madurez esplendorosa.
 
Con pocas cosas que perturben su serenidad:
 
Puente río Herrán-La Vega 25 octubre 2.014  
 
¿Se cumplirá el dicho "Por los Santos nieves en los altos"?, ¿o romperá todos los mitos este otoño?.

Camino al Alto de la Casera - La Vega 25 octubre 2.014 
Los chopos ribetean
de color amarillo los caminos,
altos, flamígeros, llameantes,
dando calor al frío.
 
(Raquel - La Vega 25 octubre 2014)
 
 
 
 
 

martes, 14 de octubre de 2014

DE COSECHA

Después de las fiestas de septiembre, el pueblo entra en periodo de recogida, no sólo de las casas de los veraneantes, si no también de los frutos de la tierra.
 
Patatas, manzanas, peras, tomates, moras, cebollas... pasan a casillos y cuartos, rellenan despensas de fresco.   
 
Al ser un pueblo tan alto, los rigores del clima determinan mucho el tipo de cultivo, y sobre todo la cantidad del fruto.
 
Este año heladas y nevadas en mayo-junio, se llevó buena parte de la flor de los  manzanos, dejando una cosecha mínima (en comparación con otros años), de la apreciadísima reineta.
 
No obstante hay que estar agradecido, pues la tierra, si no espléndida, siempre es generosa.
 
Tomates por madurar - La Vega 11-oct-2014 


Pimientos, berenjenas, tomates - La Vega 11-oct-2014


Manzanas reinetas - La Vega 11-oct-2014


Boletus Edulis (Cogidos en Navarredonda de Gredos) 11-oct-2014
 
La tierra siempre es generosa con uno si se la cuida y mima.
 
Septiembre y octubre, asisten al parto de la tierra, el otoño es un mes de labor, y también de sementera, y la tierra una mujer amante siempre dispuesta a la entrega.
 
Ya huele a leña quemada, ya prenden las hogueras, la lluvia fina de otoño es como un caudal de promesas.
 
Lumbre baja - La Vega 11-oct-2014

La tierra es generosa, no nos olvidemos de ella.
 
  

martes, 22 de julio de 2014

TARDES DE RÍO - 2

A veces la memoria destapa el bote de las esencias, sin embargo las palabras se quedan cortas, y no caben en ellas todas las sensaciones...

¡Voy a intentarlo!: recrear aquellas tardes de río en que el tiempo pasaba lento y rápido, y no hacía falta hablar.
 
Río Alberche por el puente del río Herrán - Foto de la Granja Escuela Fuente Alberche
 
TARDES DE RÍO
Descalzos los pies
por la alfombra de hierba,
el sol se deshace
en el agua, y reverbera.
 
Le guiño los ojos mientras
la brisa como un pincel,
traza y dibuja ondas
sobre el lienzo de mi piel.
 
La voz eterna del río
entre las piedras no calla,
los renacuajos pierden la cola
y los peces le echan agallas.
 
De retama hierbabuena y poleo,
anda perfumado el campo,
las golondrinas no cambian el cielo,
por su nido bordado de heno y barro.
 
Y yo me quedo como el viento
cuando pasa entre las rosas,
clavado en sus espinas
desangrando por su aroma.
 
Lenta se desliza la tarde
llenando como agua mansa mis huecos
fundida con el paisaje
¿él o yo?, ¿quién es el espejo?.
 
y regreso camino a casa
dando la espalda al ocaso
mientras el río se viste de plata
y se inunda de silencio el campo.

TARDES DE RÍO - 1

Después de la libertad, en los veranos en el pueblo, me encontraba con el regalo inesperado del río.
 
Justo al cruzarle en el puente nuevo, después de ir contando los pueblecitos desde Ávila, ya sabíamos que habíamos pasado la frontera, y que entrábamos en territorio amigo.
 
Y casi todas las tardes, inmediatamente después de comer, (no había siesta que nos retuviera), nos acercábamos a un punto u otro de su ribazo.
 
Como el Alberche es un recién nacido en nuestro municipio, apenas tiene hondura, casi resulta agónico verle retorcerse en el vegazo buscando la pendiente para correr un poquito.
 
Foto de Ricardo Melgar
En esa tesitura nosotros éramos los ingenieros que levantábamos diques, presas, a base de "terrones", para embalsar el agua, y tener una suerte de piscina natural. Y era muy frecuente, que de repente se abrieran vías, y que esa construcción reventara, escapándose todo el agua...¡En fin vuelta a empezar con los "terrones"!.
 
Nosotros, íbamos a dos sitios diferentes:
 
A los molinos de arriba, con agua más fría, más clara, más tranquilo en el tránsito de ganado,  con orillas más escarpadas y con un cauce más pedregoso.
 
En la poza de los molinos año 1980
A una poza situada en el Vegazo, y muy cerquita del puente nuevo, de agua más caliente, pero de suelo cenagoso, y agua que en seguida se ponía del color del chocolate. Además en esta poza, disputábamos el espacio con las vacas, y caballos si habían soltado el Vegazo, y había que tener buen cuidado que estos animalitos, no te comieran la toalla, la ropa, o el jabón o la merienda.
 
En general este último lugar era nuestro favorito pese a todo, porque el charco que se hacía era más grande, y siempre se juntaba más gente, y había mucho ambiente, a veces venían los "boyeros" que cuidaban de las vacas (pues antes no había ni una sola alambrada en el pueblo), y siempre veíamos llegar a Amador, y al coche de línea, que solía saludar dando un pitazo, a veces éramos tan vagos que hacíamos auto stop (si no llevábamos bici), para que nos bajaran a la poza o nos subieran al pueblo, con la ventaja de que como en La Vega se acababa la carretera, todos o casi todos los que por allí pasaban eran conocidos. 
 
Y antes de que se pusiera el sol que era nuestro reloj infalible, subíamos las cuadrillas, juntas o separadas, en bici o andando, y en la cuesta del "regaerón", poníamos broche final a la tarde, y proyectábamos (si nos dejaban en casa) algún plan para la noche.
 
Y sin darnos cuenta, el río fue como en sus orillas, dándonos mordisquitos, impregnándonos de muchas sensaciones, que entonces no parecíamos apreciar: el rumor del agua, la vida silente de peces y renacuajos, la esbeltez de los juncos, la agresividad de las "abulagas", la brisa y el sol cabrioleando por la piel y dejándonos un aroma muy peculiar, el saboreo de un tiempo que nos parecía eterno y feliz.
 
Y el silencio, el silencio en que quedaba el río después de nuestra marcha, sin nuestras risas, nuestros gritos, nuestras porfías, aguadillas, y chapuzones.
 
Silencio de río, rumor de agua...
 
 
Hace mucho tiempo que no voy a pasar una tarde al río (a nuestro río), ya no hay pozas, y los caminos aparte de alambrados, se han borrado (en el Vegazo), o están invadidos por la escoba (en los molinos), sin embargo reconozco en sus aguas siempre nuevas y nacientes, la voz de aquel rio que inundó de felicidad muchas tardes de mi infancia y adolescencia , y a sus orillas acudo, para renovar con él el bautismo de sensaciones.
 
 
   
 
 

domingo, 6 de julio de 2014

ALLÍ DONDE ME ESPERAN

Estoy segura, que quien más y quien menos tiene un lugar, un rinconcito, donde se siente en comunión con el mundo, donde se encuentra conectado con el universo, donde simple y llanamente se siente uno reconciliado y en paz con la vida.
 
El pequeño oasis que me salva del mundanal ruido, para mí, está en La Vega.
 
Allí donde me esperan.
 
  
Allí donde me esperan,
las rosas y el romero,
la menta y los manzanos,
el acebo y la mimosa.
 
Allí, donde me esperan...
 
(Madrid 6 de julio de 2.014)